Kaneda
Al principio era la Nada, la Oscuridad y el Caos. Pero claro vino
Dios y pronunció las sagradas palabras "evita perder la bola para
conseguir alta puntuación". Y ya ni la Nada fue lo mismo.
Televisores antediluvianos en blanco y negro enmarañados de cables;
reproductores de cassette emitiendo pitidos incomprensibles salvo para
unos pocos iniciados; horas de espera para cargar nuevos mundos;
hordas de naves extraterrestres combatidas con un solo sprite de 8
bits… ¡así se creaban héroes!
Cuando lo virtual ya no era suficiente para satisfacer el ansia de
evasión me dediqué a fundar un club de rol, wargames y juegos de
tablero. Perdí innumerables batallas, guerras y mundos pero obtuve a
cambio un Batallón Inmortal de buenos amigos.
Estos ampliaron mis límites con perniciosas lecturas entre las cuales
destacaba un chico japonés ¡que se había atrevido a copiarme el
apellido!. Desde entonces sueño con la moto de Kaneda, las noches
frías de Neo-Tokio y que Tetsuo me revela mentalmente cómo ganar
millones en el Pachinko.
¡Ah! y sigo esperando a que un juego se cargue en un MSX que posee un
1% de la capacidad de procesamiento de tu teléfono móvil.
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